Recuerdo que cuando era pequeño, una frase que se escuchaba bastante menudo en las calles de mi ciudad era: “Es americano, es bueno”, y es que con eso de vivir relativamente cerca de una base militar americana, de vez en cuando aparecía alguien con algún tipo de utensilio, herramienta o comida de procedencia norteamericana.
Y en aquellos años en los que era rarísimo conseguir este tipo de productos, se tomo por costumbre el decir que todo lo americano era bueno, aunque creo que era mas por justificar el gasto extra o el presumir de lo que fuera que hubiéramos conseguido. Daba igual si aquel extraño refresco con sabor a vete tu a saber sabia a rayos, era bueno; y si aquellos alicates oxidados tenían un 90% de posibilidades de destrozarte un dedo, daba igual, “son americanos, son buenos”.
No quiero decir con esto que todo el mundo estaba equivocado, gracias a estas incursiones en suelo americano, probamos helados que le daban mil vueltas a los patrios antes que nadie y algunos tuvieron unas Ray Ban antes que de que nadie hubiera visto Top Gun, pero en general, todo lo americano, no es bueno:
